La esclavitud a través del crédito es muy, muy antigua

Los antiguos mesopotámicos ya sabían del alto costo que tenía la esclavitud.

Hace más de 3.500 años, tenían un sistema que, basado en el crédito, les permitía explotar el trabajo agrícola de la población. Esto permitía a la élite administradora del Estado mantener la propiedad de las tierras, su propia prosperidad y la mantención de un ejército que asegurara la institucionalidad y la soberanía.

En la antigua Mesopotamia ya conocían los costos de la esclavitud.

Los pobladores tenían derecho a explotar una cantidad determinada de tierras agrícolas. Para ello utilizaban las semillas prestadas por el Estado, a cambio de parte importante de la cosecha.

Si todo marchaba bien, el Estado se financiaba, los pobladores obtenían su parte de la cosecha y la  prosperidad era general.

Pero la productividad agrícola dependía de múltiples factores, más aún, en la antigüedad. Sequías, plagas e inundaciones podían reducir las cosechas a un puñado de granos.

Cuando alguno de estos siniestros afectaba a las zonas agrícolas, los agricultores no eran capaces de cosechar lo suficiente ni de servir su deuda con el Estado.

Cuando un agricultor no pagaba su deuda, el Estado procedía a cobrarse tomando por esclavos a sus hijos y a cualquier miembro del grupo familiar en condiciones de trabajar, mecanismo tambien conocido como servidumbre humana de la deuda.

Sucedía entonces que, si los agricultores observaban que venía una sequía, se iniciaba una plaga o el exceso de lluvias desbordaba los ríos e inundaba los campos, la reacción era general: tomaban sus pocas pertenencias y arrancaban a perderse. Nadie quería exponerse a perder a  sus hijos. Al poco tiempo se constituían en tribus nómades, sin tierras, ni semillas, ni capacidad de sobrevivir. Su mejor alternativa, en su desesperación, era rebelarse en contra del Estado.

Si esta rebelión se convertía en una amenaza para el Estado, entonces venía el perdonazo. Se perdonaban las deudas, se devolvían los hijos a sus familias, se reasignaban las tierras de cultivo y se otorgaban nuevos créditos en semilla, recomenzando el ciclo de la bonanza hasta que nuevos siniestros terminaran con las cosechas.

El término más antiguo conocido para “libertad” es la palabra  “Amargi”, que en sumerio significa literalmente “volver con la madre”.

Otro aspecto etimológico interesante es el hecho de que en Sánscrito, en Hebreo y en Arameo,  “deuda”, ”culpa” y “pecado”, son la misma palabra.

En la actualidad, 3.500 años después, podemos decir que todavía el endeudamiento, por encima de nuestra capacidad de pago, sigue siendo la forma más efectiva de esclavitud.

Y no es que el crédito sea intrínsecamente malo. Miles de proyectos serían imposibles de emprender sin su existencia. En general, será positivo si podemos servir la deuda contraída con la holgura de nuestro presupuesto. Ideal, si el crédito se utiliza en inversión, es decir, en alguna forma de potenciar nuestros futuros ingresos y no en consumo. En este caso, la rentabilidad o retorno de nuestra inversión debe ser mayor a la del costo del crédito.

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