Subsidios, crisis financiera y emprendimiento: no todo lo que brilla es oro

Casi todo el empleo en el mundo es generado por algún tipo de emprendimiento, grande o pequeño. La diferencia, para llegar al total, la aporta el Estado.

En nuestro país, dicen que la PYME aporta el 80%  de la ocupación total.

Dicho lo anterior y a la luz de las crisis financieras mundiales, intentaré esbozar la hipótesis de que, aunque los subsidios y las políticas de estímulo monetario masivas (QE, del inglés Quantitative Easing) se justifican en muchos casos para ayudar a las personas y a las instituciones, su utilización no puede ser permanente, a riesgo de matar el emprendimiento.

Las actuales crisis financieras Europa y en EEUU fueron provocadas por la misma causa:  el crédito indiscriminado (acceso a plata fácil). Un error grave del inversionista, del que presta o facilita el dinero.

El caso europeo

Antes de la introducción del EURO en 1999, las tasas de interés que pagaban los países europeos por su deuda soberana diferían entre si porque los inversionistas toman en cuenta el riesgo de cada país, su productividad, flexibilidad, eficiencia, etc. Asi en 1995, Grecia se financiaba a más de 18% y Alemania lo hacía por menos de 8%. (Ver La crisis europea, explicada fácil)

Tasas Soberanas

A partir de la introducción del EURO todos los países de la zona comenzaron a disfrutar de tasas similares incluso inferiores al 6%. La percepción de bonanza (confianza) entre los inversionistas en la década siguiente era generalizada y ya nadie se preocupó más de considerar los riesgos y características diferenciales de cada país. Cuando se declara la crisis de 2008, sube la percepción de riesgo que tienen los inversionistas respecto de las economías más débiles de Europa (PIIGS, por Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España (Spain)) y estos países, deficitarios en sus presupuestos fiscales, comienzan a tener problemas serios de solvencia. Ante esto al Banco Central Europeo, al FMI y a la Comisión Europea no les queda más que configurar (a regañadientes de las economías más grandes) enormes paquetes de estímulos monetarios.

El caso de los Estados Unidos

Mientras tanto en los Estados Unidos, durante todo este período (entre Octubre de 2002 y Noviembre de 2007  el índice S&P500 de la bolsa de Nueva York subió un 80,72%), la sensación de abundancia y progreso alimentaba la euforia de los inversionistas. Este ambiente sembró las bases de la crisis subprime, sindicada como la causa principal de la crisis financiera de 2008 que hace quebrar al megabanco de inversiones Lehman Brothers.

El término subprime significa de bajo grado, de inferior calidad, aplicado a créditos hipotecarios de muy alto riesgo porque fueron otorgados indiscriminadamente a personas que, en épocas de menor euforia, no habrían calificado jamás como deudores. Como se hicieron miles de estas  operaciones y, como en todo vehículo de inversión, estas se agrupan y se refinancian o recolocan en todo el sistema financiero mundial, apenas comenzó la morosidad en los créditos, la desconfianza se diseminó como un virus en todo el sistema financiero mundial, sobre todo porque no es fácil saber cuánto de estas inversiones “basura” tiene, cada uno, en su cartera, ya sea directa o indirectamente.

El gobierno norteamericano no concurrió a salvar de la quiebra a Lehman Brothers. No sé si fue por falta de oportunidad para reaccionar o por haber subestimado la proporción de la crisis en su momento. Pero la posibilidad de que otras mega instituciones financieras siguieran el mismo camino en las semanas siguientes, obligó al gobierno a tomar agresivas medidas de QE. Hoy día la FED está comprometida a comprar Bonos de Tesoro por MMUS$85.000 mensualmente. Un tercio de PIB anual de Chile (MMUS$249.000) al mes!!!

Las emociones y la racionalidad del inversionista

Todo inversionista (el emprendedor es también un inversionista de su tiempo, esfuerzo y creatividad) toma sus decisiones enfrentado a dos emociones contradictorias: la ambición y el miedo.

La ambición por el dinero, por la obtención de un logro y reconocimiento, es el motor imprescindible (es parte de mi hipótesis) de toda decisión de inversión o emprendimiento.

El miedo es la fuerza que actúa en el sentido contrario. La que nos llama a la prudencia. A no tomar riesgos o a minimizarlos.

El exceso de cualquiera de estas dos emociones produce efectos negativos: excesivos riesgos terminan tarde o temprano en la quiebra y el temor excesivo nos inmoviliza.

Equilibradas ambas emociones uno podría esperar comportamientos racionales. Es decir, una vez evaluada la inversión, la decisión final debería depender de la comparación de su rentabilidad y riesgo respecto de las alternativas disponibles.

Hasta antes del 2008, toda inversión se comparaba contra una inversión “libre de riesgo”. Este paradigma de la seguridad, no había nada más seguro, eran los bonos del tesoro de EEUU. Por ejemplo, si los estos bonos rentaban 4% anual en US$, se consideraba irracional emprender o invertir en cualquier otra actividad con menor rentabilidad, dado que esta cualquier otra actividad tendría necesariamente un riesgo mayor. Lo racional, si uno va a tomar más riesgos, es esperar una mayor recompensa.

La crisis del 2008, que parte como crisis subprime, se transforma rápidamente en la crisis del crédito. Al desaparecer el concepto de inversión “libre de riesgo”, porque incluso EEUU tiene alguna probabilidad de insolvencia, dejan de existir las inversiones seguras y se llega a dudar de la capacidad de cumplimiento de toda la industria financiera.

Desde entonces la FED y el Banco Central Europeo han subsidiado a la industria financiera y los inversionistas se han seguido comportando como hasta antes de la crisis, pero por una razón distinta. Está claro que enfrentamos un período largo de recuperación lenta de las economías de Europa y EEUU y, que China por su parte, ralentiza su crecimiento. Pero por otro lado, los inversionistas no tienen más alternativas de inversión que volver a los instrumentos de mayor riesgo, porque las tasas de interés están en el piso hace mucho tiempo y porque su riesgo también ha aumentado.

Conclusión

Mientras sigan las multimillonarias políticas de estímulos monetarios hacia el sector financiero y los gobiernos, ¿qué motivación tienen estos sectores para no volver a cometer los mismos errores del pasado? ¿a no volver a prestar dinero indiscriminadamente, sin considerar el riesgo de largo plazo? El mensaje que los bancos centrales envían a los gobiernos y a los inversionistas parece ser interpretado como “utilicemos esta ventaja mientras dure, ya volveremos a ser eficientes y tendremos que hacernos cargo de nuestros riesgos, una vez que el estímulo se acabe”.

Las tasas de interés artificialmente bajas posibilitan el financiamiento de proyectos que no factibles en condiciones normales.

El solo anuncio de una probable suspensión de todo forma de QE para mediados de 2014, hecho por Ben Bernanke, hizo caer las bolsas en todo el mundo. Y la calma de largo plazo no volverá hasta que cesen los incentivos y subsidios a un manejo ineficiente. Es decir, cuando quede obsoleto el concepto To big to fail (en castellano, “demasiado grande para caer”).

A nivel de las personas, sucede algo bastante parecido con los subsidios a la pobreza. En Chile son objeto de diferentes subsidios las personas y las familias que se declaran en determinadas condiciones de precariedad, determinadas por la encuesta CASEN. Sin perjuicio de que en muchas ocasiones el otorgamiento de estos subsidios es cuestión vital para miles de familias, produce también un incentivo perverso a mantenerse en dicha condición para poder seguir percibiendo el beneficio. A muchos de los trabajadores independientes no les conviene, según su cálculo, formalizar su actividad, por que perderían el acceso a cualquier tipo de subsidio. No se dan cuenta que están renunciando al siguiente paso de su crecimiento económico y personal: a formar una PYME contratando trabajadores para multiplicar sus operaciones, aumentar sus ingresos y dar empleo. Mucho miedo, poca ambición.

Si ya ha leído hasta aquí, quizás podría interesarle leer también: Independencia Financiera: la búsqueda de la prosperidad

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2 Respuestas a “Subsidios, crisis financiera y emprendimiento: no todo lo que brilla es oro

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