No nos sobra ningun estudiante, por indignado que esté.

El camino del progreso no es rápido ni fácil. Se requiere de mucho estudio y de mucho trabajo. Los genios, los poetas y los emprendedores coinciden en que sus logros se componen de un 99% de esfuerzo y perseverancia y de tan solo un 1% de inspiracion. Pablo Neruda escribía 8 carillas diarias con tinta verde, muy pocas sobrevivían su propia autocrítica.

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El movimiento estudiantil en Chile, así como las protestas de la llamada primavera árabe, las de Europa, Brasil y Argentina, entre otras, ha logrado poner en el centro de la discusión el problema de la desigualdad de oportunidades en nuestra sociedad. ¡Bien por los estudiantes!

Estas desigualdades tienen su origen principal en las diferencias que existen para acceder a una educación de calidad en todos sus niveles, lo que repercute indirectamente en la calidad del  trabajo, en la prosperidad y, por extensión,  en la salud, en la vivienda y en la previsión de las personas en Chile.

Aunque surgen por distintos motivos y son enfrentados de distintas maneras, estos movimientos de indignados han logrado remecer a las instituciones y a las autoridades políticas de todas partes del mundo, obligándolas a volver a su sentido original de gobernar para el pueblo, haciendo respetar las leyes y condenando todo tipo de abusos de los menos sobre los más. Los principios de libertad y democracia, pierden absolutamente su sentido si la sociedad no da igualdad de oportunidades a todos sus miembros. Si nuestras instituciones no reaccionan rápidamente en esta dirección, es esperable que la frecuencia y masividad de estas manifestaciones aumenten peligrosamente, porque la violencia y la polarización, implícitas en ellas, parecen inevitables.

Pero tampoco existen soluciones rápidas ni fáciles. El de la educación no es solo un problema de dinero. Multiplicar el presupuesto de la educación pública por diez, no soluciona por sí mismo el problema. Dejar fuera de la solución al sector privado, tampoco ayuda. Claramente es un problema urgente, complejo, en que hay diversidad de puntos de vista y participación de múltiples actores. Es decir, un problema que a todas luces costará muchísimas horas de análisis, diálogo, debate, propuestas y contrapropuestas hasta que el país logre acordar un camino y comience a transitar por él.

Y mientras esto ocurre, ¿qué?.

Por un lado, no deberíamos paralizar el proceso de enseñanza/aprendizaje de los actuales alumnos, y por otro, tampoco podríamos pedirles que se abstuvieran de participar en el proceso de cambio aportando sus propios análisis y propuestas en alguna fórmula de diálogo ciudadadano con las instituciones políticas formales que, hasta hoy, no se ve articulado por ninguna parte.

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