¿Estás dispuesto a matar por defender mis derechos?

Millones de individuos estamos sometidos bajo el poder de la religión, la política y el dinero mediante la creencia de relatos increíbles, como la vida eterna, la reencarnación y promesas de felicidad terrenal basadas en diversas formas de consumo o trascendencia.

La necesidad que tenemos de creer en determinados valores, como en un ser superior, en un mundo ideal, en la bondad, en el amor, en la justicia, en la igualdad, en la democracia, en  la libertad y en un largo etcétera, nos hace vulnerables a la contradicción del fundamentalismo.

Aceptamos sin mayor reparo a Voltaire cuando dice “No estoy de acuerdo con tus ideas, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarlas”. Suena muy romántico, pero nos está diciendo QUE ESTÁ DISPUESTO A MATAR.

Cuando estamos dispuestos a aceptar la violencia como reacción a cualquier desviación de las doctrinas o prácticas esenciales a un sistema ideológico, cruzamos la línea que degenera en la mayoría de los conflictos del mundo.

Peor aún, cuando un individuo, en cualquier etapa de su vida, se compromete al punto de dar su vida por una causa, es muy difícil que llegue a reconsiderar su posición. Siempre intentará justificar su actuación real o potencial.

En nuestra juventud, somos especialmente vulnerables, por nuestra falta de experiencia e ingenuidad, a ser atraídos a un compromiso superior por utopías que siempre prometen abundancia o igualdad para las mayorías

Por eso es tan difícil que alguien que estuvo por tomar las armas para lograr el ideal socialista en cualquier parte del mundo reconozca las matanzas y torturas realizadas en su nombre.

De igual manera, quiénes tomaron las armas para derrocar regímenes socialistas, también justificarán sus asesinatos y atrocidades en el logro de un bien superior.

El peligro no está en los ideales ni en creer que podemos hacer un mundo mejor, por el contrario, esta será la fuerza del desarrollo y del futuro.

Lo que no es aceptable es estar dispuesto a usar cualquier medio para conseguirlo.

Creer que “El fin justifica los medios” señala que sería aceptable que un individuo realice cualquier cosa para conseguir o cumplir un objetivo. Esta creencia es tan profundamente compartida y aceptada en el ámbito de la política, de los negocios, de la religión y en todos los demás contextos de la vida, que me atrevería decir que es el virus causante de nuestra profunda y creciente corrupción.

 

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