¿Hora de que los bancos devuelvan la mano?

La crisis económica que viene es distinta a la de 2008. Depende de nosotros que tampoco se parezca a la de 1929.

Desde el punto de vista sanitario, mientras no se diseñe y distribuya una vacuna eficaz para evitar la propagación masiva del COVID-19,  solo tenemos el distanciamiento social, las cuarentenas, los cierres de fronteras y el reforzamiento de los hábitos de higiene como herramientas de contención. Medidas que, de paso, invitamos a respetar como si supiéramos que estamos infectados para no contagiar a los demás.

A diferencia de otras crisis económicas anteriores, en este caso no hay decisiones económicas erradas, ni negligencias financieras que perseguir. Más de alguien podría acusar de negligencia sanitaria, dadas las advertencias de Bill Gates (Youtube 2015) o el retiro de una posición clave de salud pública estadounidense en Beijing con la intención de ayudar a detectar brotes de enfermedades en China (Reuters).

Después de la batalla somos todos generales. Sin dudas mucho se pudo hacer si se hubiera reaccionado a tiempo, al primer brote.

El hecho es que es un virus altamente contagioso (ver proyecciones de expansión), con una mortalidad de más de 14% en la población de riesgo y cuyo tratamiento requiere de hospitalización y ventiladores mecánicos que ningún sistema de salud es capaz de brindar masivamente. Ya está ocurriendo que los médicos deben decidir a quién salvar, porque nos es posible tratarlos a todos.

En los EEUU los casos reportados al 26/03/2020 son 68.211, crecen al 24% diario, si se mantiene esa tasa, superarán el millón en 13 días.

En Chile los casos reportados al 26/03/2020 son 1.142 crecen al 24% diario, si se mantiene esa tasa, superarán el millón en un mes.

A diferencia de la crisis subprime en 2008 que fue provocada por la emisión y otorgamiento indiscriminado de créditos hipotecarios basura (sin respaldo real), el impacto económico de esta pandemia será por la inactividad y paralización relativa de la economía. Solo una minoría puede hacer teletrabajo.

De la noche a la mañana los clientes desaparecen de los gimnasios, restaurantes, hoteles, librerías, líneas aéreas, espectáculos, entre muchas otras acividades. Según la CEPAL, producto de esta crisis, 35 millones de personas podrían volver a la pobreza, solo en latino américa.

Sin embargo hay actividades que no pueden interrumpirse. A toda costa se debe mantener la cadena de suministros básicos hacia la población (alimentación, energía, agua potable, telecomunicaciones, transportes, retiro de residuos domiciliarios). Lo básico, como en una economía de guerra.

Todas las medidas de ayuda económica deben ir a las personas que perderán sus trabajos y a las empresas, para evitar que quiebren, aumente el desempleo y se reduzca el consumo, la inversión y el ahorro. Es decir, para evitar entrar en una anunciada recesión o, al menos, ayudar a salir de ella lo más rápidamente posible.

Puede que sea la hora de que el sistema financiero devuelva la mano a todas las veces en que los ciudadanos, los contribuyentes, los hemos salvado a ellos de la quiebra.

Y las medidas que se están tomando en todo el mundo van en esa dirección. Los bancos centrales reduciendo las tasas de interés al mínimo, los gobiernos inyectando subsidios directos a las personas , poniendo a disposición de la crisis cientos de miles de millones de dólares.

Pero tenemos que tener cuidado. La crisis del 29, fue la explosión de una gran burbuja que se produjo en la bolsa de NYSE, porque la mayor parte del estímulo monetario a través de tasas bajas y dinero fácil se destinó a la especulación en una bolsa de valores que se veía meteórica. Después de que estalla esta burbuja viene la gran depresión de los años 30. (The Age of Uncertainty, John Kenneth Galbraith, 1977, páginas 207-211). Observe que mientras se tramita en el congreso de los EEUU una ayuda de 2 billones de dólares, la bolsa de NYSE tuvo un alza de 11%, la más grande alza diaria desde 1933. ¿Cuánta de esta plata fácil se va a ir a especulación?

Esta vez, no es culpa del sistema financiero. Este parece estar funcionando y, si hay algunas instituciones financieras con problemas, están los bancos centrales dispuestos a no permitir su caída. Y eso está bien. El sistema financiero es a la economía mundial como el sistema circulatorio es al cuerpo humano. Permite la circulación de nutrientes a todas sus partes.

Esta vez son los bancos los que deben salvar a la economía real. No puede ser que hace dos semanas el Banco Central de Chile haya anunciado los créditos FCIC (de fomento de las colocaciones) que a los bancos les costará 1% anual (TPM) y que estos no hayan comenzado siquiera a colocarse entre los clientes.

Es la oportunidad para que nuestros bancos en Chile tomen el riesgo de apostar, por ejemplo a que la vacuna del coronavirus se estará distribuyendo dentro de los próximos 12 meses y, durante este período dejen de cobrar intereses sobre las tarjetas de crédito, los créditos hipotecarios (sin dejar de pagar a los tenedores de las letras hipotecarias) y prorrogar automáticamente morosidades, sin multas ni intereses.

Sería un gran alivio para una población muy endeudada y una excelente forma del sistema financiero de devolver la mano a los trabajadores y empresarios, quiénes hemos financiado sus propios rescates.

 

Francisco J. Doren

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