¿Qué considerar para el diseño de un buen sistema de pensiones?

El siguiente artículo es nuestro aporte al llamado al diálogo social amplio y a la discusión técnica para afinar el diseño de una futura reforma al sistema de pensiones, que hace el programa de Gabriel Boric, presidente electo de Chile.

Intentamos destacar los conceptos ineludibles de la discusión política y técnica de cualquier solución que se intente diseñar.

El trabajo formal, un detalle crucial

El trabajo no es solo una sentencia bíblica que recae sobre el hombre.

Es su única forma de sobrevivir.

Alguien tiene que producir los alimentos, el vestuario, la vivienda, la infraestructura y los servicios de salud, educación y un largo etcétera.

Diferenciamos el trabajo dependiente de una empresa o independiente o por cuenta propia. En ambos casos, solo el empleo formal contempla los impuestos y los aportes a la seguridad social.

El estado, las empresas y los trabajadores debemos velar porque las condiciones laborales de las actividades productivas sean las mejores posibles, en términos de buenas remuneraciones, motivación y formalidad, tal que todas las partes se beneficien:

  • Se logre pleno empleo, con mejores remuneraciones,
  • Se aumente la productividad,
  • No quede nadie fuera del trabajo formal y
  • Se logre financiar el sistema de pensiones de manera sostenible mediante cotizaciones previsionales o impuestos.

Ningún sistema previsional podrá sostenerse si no logramos erradicar el trabajo informal:

  • Según el INE,  en el trimestre julio-septiembre de 2021, llega a 27,7%. Esto significa que 1 de cada 3,6 trabajadores no aporta para su pensión, ni para su salud, ni paga impuestos.
  • La Superintendencia de Pensiones informa 5.821.117 cotizantes, 11.336.264 afiliados y 1.979.975 pensionados por vejez a noviembre de 2021. Esto nos dice que el 37,9% de los afiliados activos no cotizó en noviembre.

Tenemos que encontrar un diseño creativo que incentive el cumplimiento cabal de las obligaciones tributarias y previsionales a todos los actores, tal que a nadie le convenga cualquier forma de evasión.

¿Impuestos o  cotizaciones previsionales?

La diferencia esencial entre estos conceptos radica en la propiedad; en el caso de los impuestos, la pierdes, en el caso de las cotizaciones, la mantienes.

Cuando realizas cualquier compra, tu patrimonio permanece intacto, si pagaste el precio de mercado. Solo has cambiado un activo por otro: efectivo por el bien o servicio que compraste.

Cuando pagas impuestos no es tan claro el valor de lo que recibes, en bienes públicos, a cambio de tu dinero.

Si es claro que, al pagar tus impuestos:

  1. Pierdes la propiedad de tu dinero
  2. No sabes exactamente qué recibirás a cambio porque la decisión del gasto está en manos del poder político
  3. Si la estructura tributaria está diseñada para redistribuir el ingreso, pagarás menos que los que ganan más, y viceversa.

Objetivo de un sistema de pensiones y formas de financiarlo

Hasta hace menos de un siglo los viejos que ya no podían trabajar dependían de que sus hijos los mantuvieran. En algunas sociedades tener una gran cantidad de hijos aseguraba la vejez.

Un sistema de pensiones tiene por objeto asegurar el financiamiento de las pensiones de vejez, y las sociedades pueden hacerlo a través de los impuestos, de las cotizaciones previsionales o de ambos. En los extremos, están los Sistemas de Reparto, en donde las pensiones son financiadas 100% con impuestos, y los Sistemas de Capitalización Individual, en donde son financiadas 100% con el ahorro de los propios pensionados y por la rentabilidad obtenida.

Financiar las pensiones con impuestos implica que los trabajadores activos y las empresas mantienen a los más viejos.

Afortunadamente, ambos sistemas pueden coexistir. De hecho, nuestro actual sistema es mixto. El pilar solidario se financia con impuestos y el pilar contributivo y el voluntario con el ahorro individual de los trabajadores.

Lo más probable es que tampoco se pueda lograr nunca el ideal de autofinanciar el 100% de las pensiones.

Siempre habrá casos en que el estado deberá concurrir en subsidio de los que no ahorraron lo suficiente como para autofinanciarse una “pensión digna” (lo escribo entre cremillas porque parte importante y compleja del problema es definirla con precisión).

¿Cuánto impuesto y cuánto aporte individual?

Hemos establecido que la principal diferencia entre un sistema de reparto y uno de capitalización individual es la fuente del financiamiento; en el primer caso 100% con los impuestos de los trabajadores activos y de las empresas, en el segundo, 100% con los aportes propios del trabajador y su rentabilidad.

Sabemos que ninguna de las dos funciona al 100% en la práctica. La pregunta entonces es: ¿Con cuánto impuesto y con cuánta cotización previsional financiaremos las pensiones del nuevo sistema?

Creo que el ideal al que deberíamos aspirar es a maximizar el autofinanciamiento de la pensiones a través los aportes individuales de cada trabajador, por las siguientes razones:

  1. Propiedad de los fondos. Los impuestos son por definición propiedad del estado, las cotizaciones previsionales y su rentabilidad son propiedad del trabajador, aunque formalmente hayan sido aportadas por el empleador o por el estado.
  2. Impacto en la formalidad del trabajo. En un sistema de reparto, el monto de la pensión no depende directamente de los fondos acumulados ni de la rentabilidad obtenida, sino de otros mecanismos que permiten que los mayores impuestos de unos, financien las pensiones de otros que aportan menos, o que incluso no aportaron nada. Esto crea el incentivo perverso de trabajar informalmente sin pagar impuestos ni cotizaciones; ¿para qué hacerlo? – igual el estado me garantizará una pensión digna. En el sistema de capitalización individual puro (sin pensiones mínimas garantizadas) ocurre exactamente lo contrario: si no cotizo, no tendré pensión alguna.
  3. Mercado financiero local. En el sistema de reparto los impuestos de los trabajadores activos se destinan 100% a pagar las pensiones. No hay inversión excepto de los excedentes, pero sabemos que en la medida en que aumenta la longevidad y disminuye de la tasa de fertilidad, los sistemas de reparto tienden al déficit sistemático. Una disminución del flujo de recursos que se inyectan al sistema financiero tendrá un efecto negativo sobre la actividad económica en general, porque habrá menos crédito disponible, será más caro y difícil acceder a un crédito hipotecario y el mismo estado chileno contará con menores recursos disponibles para endeudarse y financiar sus políticas sociales. Las políticas y el régimen de inversiones del sistema actual ha permitido, por el contrario, que amplios sectores de la sociedad accedan a créditos de consumo, hipotecarios y a financiamiento de sus actividades productivas. El crecimiento de Chile en los últimos 40 años se debe en buena parte a la eficiente inversión de los fondos de pensiones, tanto por el acceso a fuentes de financiamiento mencionadas como por la rentabilidad que ha retornado a los trabajadores propietarios de los mismos.
  4. Libertad de elección. La administración estatal centralizada no deja ninguna opción de elegir al trabajador. Hoy, el trabajador puede escoger entre administradoras y dentro de ellas, escoger cuanto riesgo tomar.
  5. Valor de las pensiones. En un sistema de reparto, el valor de las pensiones es una decisión política y se financiará hasta el límite del déficit fiscal, ya no se pueda cobrar más impuestos y se agote el crédito externo. El monto de las pensiones no puede quedar al arbitrio de políticos populistas que estén dispuestos a prometer mejores pensiones a cambio de perpetuarse en el poder, a sabiendas del aumento del déficit fiscal y del endeudamiento que producirán En el caso del sistema de capitalización individual puro, el valor de las pensiones dependerá única y exclusivamente del ahorro y de la rentabilidad obtenida
  6. Inversiones y Rentabilidad. En un sistema de reparto solo se podrá invertir los excedentes luego de pagar las pensiones. Es muy importante definir y dar a conocer la política y el régimen de inversiones: ¿En qué invertirán? La vara está muy alta respecto del sistema actual, que ha obtenido una rentabilidad promedio anual mayor a UF+8% en sus casi 40 años de existencia. La rentabilidad histórica de los fondos de pensiones permite asegurar que más de 9 de cada 10 pesos acumulados en la cuenta son explicados por la rentabilidad. Tiene que haber una muy buena razón para que nos demos el lujo de renunciar a los beneficios financieros que merecen los ahorros de los trabajadores chilenos.

¿Cuánto debe aportar el trabajador y cuánto el empleador?

Ya se trate de un impuesto al trabajo o una cotización previsional, la respuesta es engañosa.

Por un lado, podríamos decir que el empleador, a la larga, lo aporta todo: el sueldo bruto, los impuestos y las cotizaciones previsionales, los adicionales de salud, los seguros, etc.

Por la otra, también podríamos argüir que el aporte es completo del trabajador, porque todos conceptos mencionados son parte del costo empresa del trabajador y son inherentes a la relación laboral. Es decir, todos los impuestos y cotizaciones alteran el precio del trabajo. Parece más sano considerarlo así.

¿Cómo determinar el monto de una pensión digna?

En el actual sistema ya existen los conceptos de pensión mínima garantizada y pensión básica solidaria. Hoy se discute en el parlamento una pensión garantizada universal y el programa del presidente electo propone establecer de manera gradual una Pensión Básica Universal (PBU) de 250 mil pesos.

¿Por qué no 300, 400 o 600 mil?

Además de la obvia restricción presupuestaria (hasta para 250 mil solo se podría lograr gradualmente), mientras más alta sea la pensión garantizada, mayor el incentivo a no aportar a las pensiones colectivas o individuales; ¿para qué, si me parece que la pensión que recibiré en todo caso, me permite sobrevivir dignamente?

Sin dudas será uno de los temas más difíciles de definir.

Cuando se haga, sería del todo deseable indexarla; por ejemplo, que se reajuste todos los años de acuerdo al IPC o a la tasa de crecimiento del país, cualquiera sea mayor.

Esperanza de vida

La esperanza de vida al nacer de hombres y mujeres en Chile es de es de 79 y 83 años, respectivamente (INE, 2015). Con cada año de sobrevivencia esta se va extendiendo, por el solo hecho de sobrevivir. Es mucho más probable que una persona de 80 años llegue a los 85, que una persona de 40. Por eso las tablas de mortalidad que hoy se usan para recalcular las pensiones año a año deben considerar sobre los 110 años.

Existe, sin embargo, una forma de resolver la discriminación de género y, simultáneamente, aprovechar al máximo los ahorros del trabajador para financiar su pensión, evitando que sobren recursos, que a la larga consitutirán herencias y no se usen para lo que fueron ahorrados.

Un seguro de longevidad contratado por el estado para cubrir las pensiones de las personas desde los, por ejemplo, 90 años. Además de evitar que las pensiones disminuyan año a año, por el aumento de las expectativas de vida, da certeza al plazo de financiamiento de la pensión y permite financiar una pensión mensual fija durante todo el período, si se mantiene la tasa de referencia utilizada en su cálculo anual.

Educación tributaria, financiera y previsional

En nuestra idiosincrasia es admirado el pillo, el que evade, el que elude y encuentra los resquicios legales para sacar partido en su favor, excepto si es un miembro de la élite, en cuyo caso es condenado. Esto debe cambiar; todos deben ser condenados.

El ciudadano tiene que entender el carácter solidario de los impuestos y el positivo impacto del ahorro sobre la economía personal, familiar, empresarial y nacional.

Para lograr esto,

  1. Nuestros jóvenes deben ser educados y entrenados para entender cómo funcionan e interactúan los sistemas financiero, previsional y tributario, para crear conciencia de los beneficios que implican el trabajo formal, el uso eficiente del sistema financiero y la importancia del ahorro y para financiar cualquier objetivo. Al mismo tiempo, del carácter solidario de los impuestos y del daño que produce la evasión en cualquiera de sus formas.
  2. Se debe demostrar una genuina intención política de tolerancia cero con la corrupción.
  3. El estado tiene que demostrar, además, que hace un gasto eficiente.

Sin esta educación básica es muy difícil que la ciudadanía logre darse cuenta de que está siendo víctima de abusos financieros, y menos de poder denunciar y colaborar en la lucha en contra de la corrupción.

Pensiones sin beneficiarios

Las pensiones se degradan mucho por cada beneficiario sobreviviente que debe financiarse ante el eventual fallecimiento del causante.

Con la medida del seguro de longevidad se asegura el autofinanciamiento de la pensión hasta una edad límite. En caso de fallecimiento antes de esta fecha, los beneficiarios podrían optar por distribuir la herencia del saldo restante o seguir cobrando la pensión como si el causante sobreviviera hasta esa edad límite.

Hace siglos, ya lo dijimos, los hijos eran los que tenían que mantener a sus padres. Hoy día los beneficiarios del causante son financiados a costa de la calidad de su pensión. No parece tener sentido.

Libertad de elección

Los trabajadores deberíamos poder escoger al administrador de nuestras cotizaciones previsionales o si queremos depender de los impuestos de los demás, y por sobre todo, poder escoger cuánto riesgo queremos tomar con nuestros ahorros previsionales.

Las AFP actualmente ofrecen 5 alternativas de fondos desde el más riesgoso al más conservador. Esta oferta adolece de varios defectos:

  • El criterio de mayor o menor riesgo no se condice con la realidad. El fondo más conservador tuvo pérdidas cercanas al 20% en el último año
  • Limita el acceso a los fondos de mayor riesgo a los más viejos y a los pensionados. Es decir, los condena a sumir pérdidas si los fondos más conservadores pierden.
  • No existe una oferta obligatoria de rentabilidad garantizada. Esto estimularía definitivamente la competencia entre los administradores de fondos.

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